La llegada a Ciudad de México estuvo precedida por un vuelo con la empresa Air France con escala en París. Retrasos en los horarios de partida añadieron un poco más de incertidumbre. Durante el viaje me creció la barba. Al margen de eso, sobreviví a la tortura de los asientos trazados al milímetro y al menú que Gila nos anunciaba en en sus parodias. Esta vez , para evitar que el vecino del asiento de al lado chupara mis espárragos, los sustituyeron por unos taquitos de "poulet" en salsa con puré de patatas que las azafatas nos sirvieron con mucha amabilidad. Eran las 16,00 horas.
México nos recibió con buena temperatura, cielo encapotado y control aduanero. La fruta y los embutidos que no figuren en una lista de casas comerciales acordadas previamente son requisados.
Es aconsejable también que los primeros cambios de moneda no se hagan en las primeras oficinas que nos encontramos. Las últimas ofrecen mejor precio.
La búsqueda y acomodo en el alojamiento elegido consumen el resto de la tarde. El Zócalo está a un tiro de piedra.
Son tantos los atractivos de esta ciudad que he decido no angustiarme por intentar verlo todo. El día siguiente visité el Museo Nacional de Antropología. 70 pesos la entrada hacen recomendable la entrada. El contenido vale la pena.
La fisonomía de la actual ciudad de México no nos recuerda la imágen que tuvieron los primeros españoles a su llegada en 1519. Ellos contemplaron una ciudad situada en una isla en mitad de un lago. Los restos de esa zona lacustre la podemos encontrar en el barrio de Xochimilco.
Calendario azteca
La
ciudad de México llama nuestra atención por ser un núcleo difícil
de abarcar. Dicen los lugareños que se concentran en ella 25
millones de habitantes, es decir casi la cuarta parte de toda la
población mexicana. Destacan en su urbanismo en retícula las
plazas, los parques, los contrastes entre los edificios de oficinas
como la Torre Mayor y la arquitectura precaria de algunos barrios. Es
una ciudad, en general, bien comunicada. Su red de transporte combina
las lineas de metro y los autobuses en superficie. Ambos conforman el
sistema Metrobús. Subirse a uno de estos medios cuesta 6 pesos, unos
28 céntimos de euro.
La
desconexión con el tráfico se consigue sumergiéndose en sitios
como el bosque de Chapultepec, salpicado de lagos y dominado por el
Castillo, una construcción que alberga el Museo Nacional de Historia, o visitando Xoximilco, sus
paseos en barca, y su mercado de las flores.
Cabeza de la cultura Olmeca
Los
problemas mundanos en esta ciudad se curan al ritmo de un mariachi,
como los que actúan en la plaza Garibaldi, ingresando en una
pulquería o aprovechando uno de los miles de puestos callejeros para
saborear los tacos, quesadillas, enchiladas, burritos, y un sin fin
de comida variada y para todos los bolsillos.
La
ciudad de México es también un semillero donde proliferan los
pequeños comercios, las tiendas especializadas y los vendedores
ambulantes. México se sabe atractiva y se vende al turista. México
se vive en la calle. En la calle se come, se pasea, se cabalga a
lomos de un taxi que parece funcionar con piloto automático, se
charla, se asalta al turista con miles de ofrecimientos, se vocean
las ofertas, se expone el género comercial. En la ciudad de México
se huele la cocina en la calle. México huele a mole, a chile, a tubo
de escape,...
Mercado de San Camilito. Plaza Garibaldi
Esta
ciudad se anda y no se acaba, se admira su gigantismo, sus calles se
pierden en rectas infinitas. Le pierde el tráfico incesante y
atropellado de todo tipo de engendro con ruedas, los mendigos que
reclaman la ayuda del transeúnte y la fama de ciudad peligrosa para
el forastero. En la zona centro y, en general, en las demás zonas
turísticas se nota la presencia policial. Aún así, Se recomienda
tomar precauciones, evitar determinadas zonas y los horarios
nocturnos.
El
yacimiento arqueológico de Teotihuacán se encuentra situado a unos
60 km al noreste de la capital mexicana. A él se llega en autobús
que se toma en la estación norte. 50 pesos por trayecto y te dejan
en la misma puerta de entrada. Los mexicanos entran gratis, los
extranjeros pagan 70 pesos (3,5 euros) y, mientras pagas, la
pirámide del sol te da la bienvenida. Enorme, impresionante,
majestuosa. Subirla cuesta quedarte sin aliento ni fuerzas y
recuperarlas con descansos a cada trecho. Desde lo alto se otea el
valle, la calzada de los muertos y, al fondo de ella, la pirámide de
la luna, algo más pequeña pero igual de bella. La visión de esta
joya arqueológica solo se ve empañada por un ejército de
vendedores que te tocan la flauta, te ofrecen abalorios, objetos de
obsidiana y jade, tejidos con la imagen del calendario azteca,
silbatos de cerámica y bisutería. Aun así, la visita merece la
pena.
Pirámide del Sol, desde la entrada al yacimiento arqueológico
Subirla cuesta quedarte sin aliento ni fuerzas y
recuperarlas con descansos a cada trecho. Desde lo alto se otea el
valle, la calzada de los muertos y, al fondo de ella, la pirámide de
la luna, algo más pequeña pero igual de bella. La visión de esta
joya arqueológica solo se ve empañada por un ejército de
vendedores que te tocan la flauta, te ofrecen abalorios, objetos de
obsidiana y jade, tejidos con la imagen del calendario azteca,
silbatos de cerámica y bisutería. Aun así, la visita merece la
pena.
Es recomendable también la visita al barrio de Tlatelolco. En él se encuentran las ruinas de lo que fue una ciudadela y su templo mayor, y junto a ella la iglesia de Santiago, una construcción sobria de principios del siglo XVII
Plaza de las tres culturas. Restos arqueológicos e iglesia de Santiago
¡Buen viaje, compañero!
ResponderEliminarGracias Juan. Ya ves que sigo con la camiseta.
EliminarEl detalle de la camiseta me ha encantado, nos hace participar, de alguna manera, en tu viaje.
EliminarDisfruta y saborea cada momento...
ResponderEliminarGracias Jose. Aunque me gustaría compartir esta experiencia, especialmente con la familia, este gusanillo aventurero puede conmigo, incluso sólo.
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