domingo, 5 de marzo de 2017

Etapa 1

ETAPA1ª.- Ciudad de México

     La llegada a Ciudad de México estuvo precedida por un vuelo con la empresa Air France con escala en París. Retrasos en los horarios de partida añadieron un poco más de incertidumbre. Durante el viaje me creció la barba. Al margen de eso, sobreviví a la tortura de los asientos trazados al milímetro y al menú que Gila nos anunciaba en en sus parodias. Esta vez , para evitar que el vecino del asiento de al lado chupara mis espárragos, los sustituyeron por unos taquitos de "poulet" en salsa con puré de patatas que las azafatas nos sirvieron con mucha amabilidad. Eran las 16,00 horas.
    México nos recibió con buena temperatura, cielo encapotado y control aduanero. La fruta y los embutidos que no figuren en una lista de casas comerciales acordadas previamente son requisados. 
Es aconsejable también que los primeros cambios de moneda no se hagan en las primeras oficinas que nos encontramos. Las últimas ofrecen mejor precio.
 La búsqueda y acomodo en el alojamiento elegido consumen el resto de la tarde. El Zócalo está a un tiro de piedra.
 Son tantos los atractivos de esta ciudad que he decido no angustiarme por intentar verlo todo. El día siguiente visité el Museo Nacional de Antropología. 70 pesos la entrada hacen recomendable la entrada. El contenido vale la pena.
La fisonomía de la actual ciudad de México no nos recuerda la imágen que tuvieron los primeros españoles a su llegada en 1519. Ellos contemplaron una ciudad situada en una isla en mitad de un lago. Los restos de esa zona lacustre la podemos encontrar en el barrio de Xochimilco.







                                                  Catedral

                 
                                                    Calendario azteca


La ciudad de México llama nuestra atención por ser un núcleo difícil de abarcar. Dicen los lugareños que se concentran en ella 25 millones de habitantes, es decir casi la cuarta parte de toda la población mexicana. Destacan en su urbanismo en retícula las plazas, los parques, los contrastes entre los edificios de oficinas como la Torre Mayor y la arquitectura precaria de algunos barrios. Es una ciudad, en general, bien comunicada. Su red de transporte combina las lineas de metro y los autobuses en superficie. Ambos conforman el sistema Metrobús. Subirse a uno de estos medios cuesta 6 pesos, unos 28 céntimos de euro.
La desconexión con el tráfico se consigue sumergiéndose en sitios como el bosque de Chapultepec, salpicado de lagos y dominado por el Castillo, una construcción que alberga el Museo Nacional de Historia, o visitando Xoximilco, sus paseos en barca, y su mercado de las flores.

                                             Xochipilli, dios del amor y la belleza




                                           Cabeza de la cultura Olmeca



Los problemas mundanos en esta ciudad se curan al ritmo de un mariachi, como los que actúan en la plaza Garibaldi, ingresando en una pulquería o aprovechando uno de los miles de puestos callejeros para saborear los tacos, quesadillas, enchiladas, burritos, y un sin fin de comida variada y para todos los bolsillos. 

                                   Grupo de mariachis en la plaza Garibaldi



La ciudad de México es también un semillero donde proliferan los pequeños comercios, las tiendas especializadas y los vendedores ambulantes. México se sabe atractiva y se vende al turista. México se vive en la calle. En la calle se come, se pasea, se cabalga a lomos de un taxi que parece funcionar con piloto automático, se charla, se asalta al turista con miles de ofrecimientos, se vocean las ofertas, se expone el género comercial. En la ciudad de México se huele la cocina en la calle. México huele a mole, a chile, a tubo de escape,...



                     Mercado de San Camilito. Plaza Garibaldi




Esta ciudad se anda y no se acaba, se admira su gigantismo, sus calles se pierden en rectas infinitas. Le pierde el tráfico incesante y atropellado de todo tipo de engendro con ruedas, los mendigos que reclaman la ayuda del transeúnte y la fama de ciudad peligrosa para el forastero. En la zona centro y, en general, en las demás zonas turísticas se nota la presencia policial. Aún así, Se recomienda tomar precauciones, evitar determinadas zonas y los horarios nocturnos.






El yacimiento arqueológico de Teotihuacán se encuentra situado a unos 60 km al noreste de la capital mexicana. A él se llega en autobús que se toma en la estación norte. 50 pesos por trayecto y te dejan en la misma puerta de entrada. Los mexicanos entran gratis, los extranjeros pagan 70 pesos (3,5 euros) y, mientras pagas, la pirámide del sol te da la bienvenida. Enorme, impresionante, majestuosa. Subirla cuesta quedarte sin aliento ni fuerzas y recuperarlas con descansos a cada trecho. Desde lo alto se otea el valle, la calzada de los muertos y, al fondo de ella, la pirámide de la luna, algo más pequeña pero igual de bella. La visión de esta joya arqueológica solo se ve empañada por un ejército de vendedores que te tocan la flauta, te ofrecen abalorios, objetos de obsidiana y jade, tejidos con la imagen del calendario azteca, silbatos de cerámica y bisutería. Aun así, la visita merece la pena.


                  Pirámide del Sol, desde la entrada al yacimiento arqueológico




 Subirla cuesta quedarte sin aliento ni fuerzas y recuperarlas con descansos a cada trecho. Desde lo alto se otea el valle, la calzada de los muertos y, al fondo de ella, la pirámide de la luna, algo más pequeña pero igual de bella. La visión de esta joya arqueológica solo se ve empañada por un ejército de vendedores que te tocan la flauta, te ofrecen abalorios, objetos de obsidiana y jade, tejidos con la imagen del calendario azteca, silbatos de cerámica y bisutería. Aun así, la visita merece la pena.




                    Pirámide de la Luna al fondo de la calzada de los muertos.




Es recomendable también la visita al barrio de Tlatelolco. En él se encuentran las ruinas de lo que fue una ciudadela y su templo mayor, y junto a ella la iglesia de Santiago, una construcción sobria de principios del siglo XVII

         Plaza de las tres culturas. Restos arqueológicos e iglesia de Santiago







5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias Juan. Ya ves que sigo con la camiseta.

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    2. El detalle de la camiseta me ha encantado, nos hace participar, de alguna manera, en tu viaje.

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  2. Respuestas
    1. Gracias Jose. Aunque me gustaría compartir esta experiencia, especialmente con la familia, este gusanillo aventurero puede conmigo, incluso sólo.

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